jueves, 13 de agosto de 2026

LA CRISIS DEL NUDISMO I (ESPAÑA)


Dos naturistas en una playa asturiana. Foto: Ismael Rodrigo.

¿La práctica naturista pierde terreno? Turismo, redes sociales y cámaras explican el retroceso frente a los textiles.

Por Ismael Juárez Pérez 8 agosto 2026

Para encontrar nudistas en Torimbia (Llanes) hay que caminar. Es la imagen que ofrece Ismael Rodrigo, presidente de la Federación Española de Naturismo (FEN). Junto al acceso principal y el chiringuito predominan los bañistas vestidos. A medida que se avanza hacia el extremo oriental del arenal, la proporción se invierte. Al final, asegura, prácticamente todo el mundo prescinde del bañador. “No desaparece el nudismo en verano, pero se autosegrega hacia la parte alejada, lo cual es lamentable, pero es lo que sucede”, explica.

En uno de los arenales de tradición naturista más emblemáticos del Cantábrico, la división no necesita carteles. Nadie ordena a los nudistas que se aparten ni les impide desnudarse. La presión es más silenciosa. Al verse en minoría, algunos mantienen el bañador, buscan otra playa o se desplazan hacia el lugar donde se concentran quienes han tomado la misma decisión. Los naturistas llaman “textiles” a quienes utilizan bañador.

Rodrigo conoce Torimbia y otras playas asturianas tanto por su actividad en la FEN como por sus vínculos familiares con el Principado. Su madre es asturiana y parte de su familia conserva una casa en el oriente, donde ha pasado algunas vacaciones. “Yo no puedo decir nada malo de los asturianos porque mi madre es de Oviedo“, bromea al final de la conversación.

En Torimbia, asegura que entra desnudo en el chiringuito y que nunca ha encontrado impedimentos. “Yo siempre les digo a los naturistas que hagan lo contrario, que se pongan todos a la entrada, para que quede claro que es una playa de tradición nudista y que la gente se corte un poco o se una y pruebe”, afirma.

La situación de Torimbia resume un fenómeno que Rodrigo no interpreta como una decadencia general del nudismo. Cuando se le pregunta si la práctica está retrocediendo en España, su respuesta introduce una diferencia fundamental: “No, no. Pero sí en julio y agosto“.

Playa de Torimbia, de tradición naturista. (CC BY 2.0), de Iñaki Queralt. Fuente: Federación Española de Naturismo.

Durante la mayor parte del año, sostiene, quienes frecuentan estas playas pueden desnudarse sin grandes dificultades. El cambio se produce con la llegada de la temporada alta. “En verano se llenan de gente con bañador y, al ver tanta gente vestida, quienes suelen ir allí a desnudarse se van a otro sitio más recóndito, no se atreven o se quedan con bañador. No porque nadie se lo imponga, sino porque no se sienten cómodos entre tanta gente vestida”.

La transformación se habría acelerado después de la pandemia. “A partir de la pandemia mucha gente descubrió las playas de tradición nudista porque buscaba sitios con menos gente, más recónditos”, sostiene Rodrigo. Las restricciones aplicadas a las playas urbanas y la búsqueda de espacios poco concurridos llevaron a muchas personas hacia calas remotas que hasta entonces apenas conocían. Una parte de ese nuevo público continuó visitándolas cuando desaparecieron las limitaciones sanitarias. La misma característica que durante décadas permitió conservar el nudismo —el aislamiento— se convirtió entonces en un reclamo para personas que buscaban tranquilidad, pero no necesariamente querían desnudarse.

El poder del desnudo frente al poder de Instagram

A esa difusión contribuyen las redes sociales. Las fotografías de calas poco urbanizadas, aguas limpias y paisajes espectaculares multiplican la afluencia hacia lugares que antes permanecían fuera de los principales circuitos turísticos. Rodrigo reprocha a algunos creadores de contenido que promocionen esas playas sin mencionar su tradición naturista.

“Van buscando playas recónditas y bonitas, las ponen en sus perfiles de Instagram y no dicen lo principal: que son playas de tradición nudista”, señala. El visitante llega atraído por el paisaje sin saber qué uso ha tenido históricamente el lugar y puede sentirse sorprendido, e incluso molesto, cuando encuentra personas desnudas. Al mismo tiempo, los nudistas sienten que el público recién llegado altera el ambiente que les había llevado hasta allí.

“Rodrigo considera que el modo de quitar poder a las cámaras sería normalizar el cuerpo desnudo hasta que una fotografía dejase de resultar comprometida.”

Los teléfonos móviles añaden otro elemento de inseguridad. La posibilidad de ser fotografiado, aparecer en un vídeo o acabar expuesto fuera de contexto en internet provoca que algunas personas renuncien a desnudarse. Rodrigo admite que retirar después esas imágenes puede resultar difícil, especialmente cuando se difunden de forma anónima o desde servidores situados fuera de España.

Frente a ese temor, Rodrigo considera que el modo de quitar poder a las cámaras sería normalizar el cuerpo desnudo hasta que una fotografía dejase de resultar comprometida. “Hay que destruir el poder que tienen las cámaras normalizando la desnudez”, defiende. Para otras personas, sin embargo, el problema no está en el cuerpo, sino en perder el control sobre su propia imagen. Esa tensión entre normalización e intimidad forma parte también del debate sobre el futuro del nudismo.

Una prohibición retirada en Cudillero

El retroceso social que describe Rodrigo convive en Asturias con un movimiento de signo contrario en el terreno normativo. El Ayuntamiento de Cudillero eliminó en mayo de 2026 la prohibición expresa del nudismo que permanecía en su ordenanza de playas desde hacía una década. La nueva regulación mantiene la cala de Oleiros como espacio recomendado para el naturismo, pero deja de limitar la práctica a ese arenal.

La modificación reabrió el debate político en el concejo, donde el PSOE defendió la necesidad de adaptar la ordenanza a la legislación superior y el PP se opuso al cambio. Su consecuencia práctica es que el nudismo deja de estar expresamente prohibido en playas como El Silencio o Vallina, aunque levantar una restricción no garantiza que vuelva a encontrarse una presencia significativa de bañistas desnudos.

Naturistas en una playa asturiana. Foto: Ismael Rodrigo.

El antiguo delito de escándalo público fue eliminado del Código Penal por la Ley Orgánica 5/1988, que sustituyó aquella figura por delitos específicos de exhibicionismo y provocación sexual, principalmente vinculados a la protección de los menores. Esto no equivale, sin embargo, a la existencia de un derecho ilimitado a desnudarse en cualquier lugar. Al resolver en 2015 un recurso contra la ordenanza de convivencia de Barcelona, que restringía la desnudez en el espacio público, el Tribunal Supremo avaló la capacidad de los ayuntamientos para establecer este tipo de limitaciones, aunque anuló algunas expresiones por considerarlas excesivamente imprecisas.

Por eso resulta más exacto hablar de playas de “tradición nudista” que de espacios reservados exclusivamente a quienes prescinden del bañador. La denominación reconoce un uso histórico, pero no impide que acudan personas vestidas. Es precisamente esa convivencia la que, cuando la proporción se desequilibra durante la temporada alta, puede terminar desplazando el nudismo sin necesidad de prohibiciones.

Rodrigo considera plausible que algo semejante haya sucedido en la playa de El Silencio después de la mejora de sus accesos. Sobre un posible aumento del nudismo en Serín, admite que no dispone de información suficiente para confirmar ninguno de los dos casos, pero formula una regla basada en su experiencia: “Cuando se mejoran los accesos va más gente con bañador. Es casi una regla”.

La vinculación histórica entre el nudismo y las playas apartadas no sería casual. Rodrigo la remonta a la dictadura, cuando quienes querían desnudarse buscaban arenales recónditos donde resultaba menos probable encontrarse con la Guardia Civil. “En tiempos de Franco había nudismo, pero ¿dónde? En playas donde la Guardia Civil no bajaba porque había que cruzar una cuerda o hacer montañismo”, explica. “Cuanto más apartadas estaban las playas, más se hacía nudismo. Después se ha seguido haciendo porque se había hecho siempre”.

“No hay estadísticas públicas que permitan medir cuántas personas hacen nudismo en las playas asturianas ni si su número ha descendido durante los últimos años.”

La dificultad de acceso consolidó así una tradición que sobrevivió a la desaparición del delito de escándalo público. La mejora de un camino, la construcción de un aparcamiento o la aparición de apartamentos turísticos pueden alterar ese equilibrio y atraer a un público más amplio. Los nudistas quedan entonces en minoría y pueden trasladarse a otro lugar, mientras la playa continúa apareciendo durante años en guías y páginas de turismo como un espacio naturista.

La Federación Española de Naturismo ofrece en su página web una guía que reúne actualmente 24 fichas de playas asturianas de tradición naturista, con localizaciones, descripciones, indicaciones de acceso y fotografías. Buena parte de la información procede del trabajo realizado por ANAPA, la asociación naturista del Principado, actualmente inactiva. Sus integrantes recopilaron durante años imágenes, ubicaciones y testimonios sobre los arenales que frecuentaban.

La propia web advierte de que las playas incluidas son aquellas que han tenido un uso tradicionalmente naturista. No pretende, por tanto, ofrecer una fotografía en tiempo real de lo que ocurre en cada arenal. “Que esté en la lista no garantiza que hoy haya gente desnuda, pero garantiza que la ha habido”, señala Rodrigo.

La relación tampoco es exhaustiva. Según explica, la Federación no publica algunas calas demasiado escondidas, aunque existen y continúan siendo utilizadas para practicar el nudismo. Una playa puede aparecer en la guía porque conserva esa tradición, aunque su uso haya disminuido, mientras otras permanecen fuera precisamente por su carácter recóndito.

Una aceptación mayoritaria, una práctica minoritaria

No hay estadísticas públicas que permitan medir cuántas personas hacen nudismo en las playas asturianas ni si su número ha descendido durante los últimos años. Los sondeos disponibles muestran, además, una diferencia considerable entre aceptar la desnudez y practicarla.

Barayo.

Una encuesta de YouGov, realizada en septiembre de 2025 entre 1.055 adultos españoles, reveló que el 87 % consideraba aceptable que una persona estuviera completamente desnuda en una playa nudista abierta al público. La aceptación descendía al 22 % cuando se preguntaba por una playa pública sin esa consideración.

El 22 % de los encuestados había estado completamente desnudo alguna vez en un lugar específicamente naturista, como una playa o un camping. Un 4 % decía hacerlo regularmente, un 10 % de manera ocasional y otro 8 % lo había probado una o dos veces. Además, el 26 % se mostraba dispuesto a acudir desnudo en el futuro a un espacio de esas características.

Los resultados sitúan a España entre los países europeos con mayor contacto con el nudismo. El mismo estudio, realizado también en Reino Unido, Francia, Alemania, Dinamarca e Italia, señala que solo los alemanes, con un 25 %, superaban ligeramente a los españoles en la proporción de personas que habían estado desnudas en una playa, camping o recinto naturista. La práctica regular, sin embargo, continuaba siendo minoritaria.

CONTINÚA...

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