Cuando hablamos de naturismo, lo último que queremos es un manual de instrucciones rígido, ya que la filosofía se centra precisamente en la libertad y la conexión con la naturaleza. Pero, con el sol que ha estado disfrutando Brasil, esta libertad requiere una estrategia inteligente para evitar que se convierta en un problema de salud.
Por Nelmo José
Piénsalo: nuestra piel es nuestro órgano más grande y, en el naturismo, está completamente en primera línea. La clave no es solo aplicar protector solar, sino comprender que las zonas que tienden a estar "ocultas" durante todo el año son las más sensibles. Los glúteos, la curva de la espalda e incluso la fina piel de los genitales no tienen el mismo historial de exposición que la cara o los brazos. Por lo tanto, el protector solar se convierte casi en una prenda invisible. Lo ideal es buscar protectores solares físicos, que son más densos y crean una verdadera barrera, reflejando la luz como pequeños espejos en la piel, además de ser mucho menos agresivos para el medio ambiente y nuestras mucosas.
Pero el sol no solo nos castiga externamente; la insolación es una trampa interna. Al no tener ropa que retenga la humedad, el sudor se evapora muy rápido y perdemos la noción de cuánto nos deshidratamos. Beber agua constantemente es lo que mantiene funcionando el aire acondicionado interno del cuerpo. Si empiezas a sentir un ligero dolor de cabeza o una debilidad inusual, es tu cuerpo avisándote de que el motor se ha sobrecalentado. En esos momentos, la sombra y el agua fresca son los mejores remedios.
Y hay un punto que poca gente menciona, pero que es vital para quienes viven sin barreras textiles: la higiene de las superficies. El calor y el sudor son el caldo de cultivo perfecto para hongos y micosis. Por lo tanto, esa toalla de siempre sobre la que nos sentamos no es solo una cuestión de etiqueta; es tu principal defensa contra las molestas enfermedades de la piel que proliferan en un ambiente cálido y húmedo.
En definitiva, disfrutar del sol desnudo es maravilloso, siempre que respetemos los límites de nuestro cuerpo. El cáncer de piel y el envejecimiento prematuro no perdonan los excesos, así que el secreto está en el equilibrio: saber cuándo exponerse y cuándo retirarse. Al fin y al cabo, la idea es que tu piel sea una fuente de placer y libertad durante muchos años, ¿verdad?
Nelmo José Divinópolis/MG
https://www.jornalolhonu.com.br/hostel-da-mata
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