Por admin, 28 de enero de 2026
Por Paula Silveira
Autor: Gustavo M. Sá (periodista, naturista y estudioso atento de la vida humana) @fbrn_oficial
Algunos lugares alteran el comportamiento del cuerpo, no por el paisaje, sino por la atmósfera social que crean. En el naturismo, esto se hace evidente. El espacio interfiere en la convivencia tanto como la propia desnudez. Existe una clara diferencia entre estar desnudo en un entorno tenso y estar desnudo en un espacio que no requiere explicaciones.
El lugar donde se reúnen frecuentemente los grupos naturistas ilustra bien este punto. No es un refugio idealizado, ni un entorno diseñado para "aparentar" naturismo. Es un espacio simple, funcional y suficiente. Y es precisamente esta ausencia de pretensiones la que reorganiza el cuerpo. No hay estética que mantener, ni composición que ensamblar. El entorno no exige representación. Y, cuando el lugar no lo exige, el cuerpo lo sigue. Aquí es donde la idea del filósofo francés Gaston Bachelard encaja con naturalidad. Al reflexionar sobre los espacios que habitamos, llamó la atención sobre los lugares que funcionan como refugio no porque nos protejan físicamente, sino porque simplifican nuestra relación con el mundo. El espacio de encuentro cumple precisamente eso. Al reducir los estímulos, también disminuye el impulso de observar, comparar y evaluar los cuerpos de los demás. La convivencia se vuelve más directa, no por virtud, sino por la ausencia de ruido.
Esta característica del espacio afecta incluso a las conversaciones. El diálogo fluye sin disputas, sin pretensiones. Controlar la propia imagen deja de ser útil. No hay ganancia en aparentar más, ni riesgo en aparentar menos. La desnudez se convierte en contexto, no en un problema.
El naturismo, por lo tanto, no depende de lugares aislados o bucólicos. Depende de espacios que no amplifiquen la necesidad de representación. Un lugar modesto puede generar más libertad que cualquier entorno diseñado para impresionar. La simplicidad crea las condiciones para que la desnudez sea mera coexistencia: no espectáculo, ni afirmación, ni ruptura.
Hablar de "geografía afectiva" en el naturismo es hablar de esto: lugares que alivian la presión simbólica sobre el cuerpo. No una experiencia excepcional, sino un intervalo de normalidad. Espacios donde la coexistencia requiere menos defensa, menos lectura, menos narrativa.
Cuando el territorio deja de ejercer presión, el cuerpo descansa. Y, en el naturismo, es en este descanso donde la coexistencia encuentra su forma más estable: directa, contenida, honesta, tal como el espacio lo permite.
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