Berlín sienta un nuevo precedente. Las mujeres ahora pueden nadar en topless en piscinas públicas con los mismos derechos que los hombres. No habrá sanciones, no habrá repercusiones legales y no habrá doble moral. Este movimiento sigue a una denuncia sobre discriminación de género, y la ciudad respondió claramente: igualdad total.
Este cambio va más allá de las piscinas. Representa la libertad corporal y desafía reglas obsoletas que continúan regulando, censurando o sexualizando el cuerpo femenino en espacios públicos. El mensaje es claro: el cuerpo no es una provocación, la igualdad no es negociable y la libertad no depende del género.
Esta decisión ha provocado debate: tradición vs. derechos, moralidad vs. igualdad, costumbre vs. sentido común. Berlín no solo cambió una regla, transformó la conversación.
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