martes, 23 de septiembre de 2025

MIL CUERPOS PINTADOS DE VERDE TRANSFORMAN UN OLIVAR EN GRANADA EN UNA OBRA DE ARTE....(ESPAÑA)

 Mil cuerpos pintados de verde transforman un olivar de Granada en una obra de arte: la última gran instalación de Spencer Tunick

El artista neoyorquino reunió el sábado a mil voluntarios en una finca cerca del embalse de Cubillas para su primera instalación en Andalucía

Granada volvió a convertirse el sábado en el epicentro internacional del arte contemporáneo con la llegada de Spencer Tunick. El fotógrafo neoyorquino, mundialmente conocido por sus instalaciones con multitudes de personas desnudas en espacios públicos, eligió esta vez un olivar joven cerca del embalse de Cubillas para crear una impactante imagen: un ejército humano pintado de verde. Se trata de su primera intervención en Andalucía y, por la respuesta del público y la fuerza visual de la escena, sin duda un evento que quedará en la memoria cultural de la ciudad.

La intervención, realizada con motivo del aniversario de Cervezas Alhambra, forma parte de su serie de instalaciones icónicas. Emmanuel Pouey, director general de Marketing de Mahou San Miguel, destacó que se había preparado un plan B e incluso un plan C por si las inclemencias del tiempo impidieran la realización de la sesión, aunque finalmente el sol permitió que la fotografía se realizara según lo previsto.

Unos mil voluntarios se levantaron temprano para tomar los autobuses que estaban estacionados en la zona de la feria. Entre la expectación, los nervios y las bromas, se fueron concentrando en la finca donde se realizaría la sesión de fotos. Paralelamente, unos veinte periodistas fueron recibidos con un desayuno antes de subir a cuatro grúas habilitadas para seguir la acción desde la altura. Desde abajo, el ambiente tenía algo de ritual: la espera bajo el sol, los megáfonos marcando el ritmo y un ejército verde que emergía ordenadamente en el olivar desde la zona baja, cerca del río, donde se había habilitado un espacio para guardar sus pertenencias, pintarse y recoger las chanclas color verde olivo.

“Muchas gracias por venir, lo agradezco muchísimo. No me siento tan importante, lo importante son las personas y la obra de arte”, explicó Tunick, quien minutos antes de dar las instrucciones a los voluntarios reconoció ante la prensa sentirse como una persona tímida. Un olivar como escenario

La elección del lugar no fue casual. El artista contó que, viajando de Madrid a Granada, quedó fascinado por la geometría de los olivos que rodean la ciudad. «Parecían personas marchando en fila. Pensé que colocar a la gente entre los olivos sería fantástico». Aunque había buscado escenarios urbanos, habituales en su obra, el contraste entre los cuerpos y el campo le cautivó: «No creo que el cuerpo desnudo sea naturaleza. Para mí, es ciudad. Así que llevarlo al campo es como trasladar la urbanidad a un entorno distinto. Ese contraste es lo que me interesa».

La multitud obedecía con disciplina las órdenes que Tunick y su equipo daban en inglés y español. «Hay que ponerse las chanclas, manos en las caderas, cabeza abajo, mano derecha en el corazón», se oía por los megáfonos. El silencio de la finca solo se rompía por el ruido de los pasos de los voluntarios sobre la tierra y el eco de las instrucciones que pedían rellenar espacios o variar las posturas. El grupo no podía traspasar una higuera que marcaba el límite natural de la composición ni una línea discretamente trazada en el terreno.

El color de Granada

El verde botella no fue una casualidad. Tunick llevaba tiempo pensando en este color. «Quería trabajar con este color desde 2012, y aquí se juntaron todos los elementos: los azulejos de la Alhambra, los toldos de la ciudad y el apoyo de Cerveza Alhambra, que entendió que este era su color». El proyecto, recordó, se había gestado durante nueve meses, durante los cuales visitó Granada varias veces. «Los verdes de los olivos me parecieron preciosos y pensé que era el lugar perfecto», aseguró.

La respuesta de la gente superó sus expectativas. «Cuando empecé en Nueva York, repartía 2000 folletos para conseguir 500 personas. Aquí vinieron cientos sin tanto esfuerzo, desde jóvenes de 20 años hasta dos participantes de 85, incluso gente de Finlandia. Es increíble esta respuesta», admitió emocionado.

Silencio, calor y disciplina

El desarrollo de la sesión estuvo marcado por el silencio y la disciplina. La imagen de miles de cuerpos verdes avanzando como un ejército de soldados de juguetes bajo el sol resultaba hipnótica. “Este proyecto tiene que ver con la relación con el sol. Cuando hay nubes no tenemos prisa, pero con sol la gente se cansa más y mi primera preocupación es la seguridad de los participantes. Luego viene el arte”, aclaró Tunick, que durante la sesión tuvo que hacer frente al mareo de varios voluntarios, afectados por las altas temperaturas. Incluso fue necesaria la intervención de los equipos de emergencia, que esperaban órdenes para poder acercarse a los que caídos del batallón esmeralda. A pesar de los cuidados, hubo tres mareos leves que fueron atendidos sin consecuencias aunque entre los voluntarios dio pie a bromas.

Las posiciones cambiaban según las órdenes: primero erguidos de brazos caídos, luego de espaldas, más tarde con las manos levantadas como en una oración colectiva. Cada gesto componía una nueva imagen coral que Tunick iba ajustando con precisión. “Ha quedado fantástico”, comentó satisfecho antes de trasladar al grupo hacia el río, donde la sesión continuó.

La limpieza y la provocación

Tras esa primera sesión, algunos voluntarios se preguntaban cómo se limpiaría la pintura. Tunick había sido claro un poco antes de coger las cámaras ante las preguntas de los periodistas : “En una primera ducha, con agua templada y jabón, se elimina el 99,9%. Puede quedar algo en las uñas o en las orejas, pero en la segunda o tercera desaparece por completo. Lo he probado durante dos meses con ocho personas distintas”.

El artista también fue preguntado por el carácter provocador de sus instalaciones. “Puede que haya una sorpresa en cuanto a un elemento de provocación, pero esto es positivo para el cuerpo y la libertad”, subrayó.

Un día para la memoria cultural de Granada

La acción de Tunick en Granada quedará como un acontecimiento cultural único. No solo por el despliegue logístico y la participación masiva, sino por el simbolismo que encierra: un ejército pacífico de cuerpos pintados, enraizado entre los olivos que conducen a la ciudad, transformando un paisaje cotidiano en una imagen universal.

“Me siento muy honrado de que tanta gente haya participado. Sin ustedes no habría un mundo de color”, concluyó el artista, antes de marcharse a seguir haciendo fotos.

https://www.granadahoy.com/ocio/millar-voluntarios-verdes-arte-spencer-tunick-olivar-cervezas-alhambra_0_2004831171.html

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